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Partimos del hecho de que no existe una única solución, sino que debemos estudiar cada caso, y dentro de cada caso, las muy diferentes circunstancias. Podemos llegar a la única conclusión posible, la que nos hace más arquitectos: se trata de aplicar la imaginación y la experiencia estableciendo la menor inversión.

A esto se debe llegar mediante la colaboración de todas las partes implicadas: propiedad, educadores, padres, alumnos y equipo técnico. El fin no debe ser otro que la respuesta a una arquitectura responsable, suma de durabilidad, gestión responsable de recursos, fiabilidad, servicio al cliente y a la sociedad. Debemos rescatar la arquitectura saludable como respuesta a una sociedad que exige elementos más sostenibles en función de su entorno.

Es el momento adecuado para valorar los espacios existentes desde otra perspectiva, repensarlos y recrearlos bajo nuevas modalidades, espacios adaptables a varios usos, según la capacidad exigida, la distancia o las diferentes circulaciones en cada momento. Tal vez nos encontremos con estancias sin un uso específico. En definitiva: mayor flexibilidad.

 

Si los sentidos siempre ejercieron un papel importante sobre la arquitectura, ahora aquellas reglas deben mejorar, dar un paso adelante y abrir nuevos caminos. Debemos mejorar la calidad del aire, de los compuestos, de la luz, ordenar bien los colores, crear espacios de desinfección, distintas soluciones según las diferentes estancias. Hemos de aplicar pinturas fotocatalíticas, ambientes con colores que fortalezcan nuestro ritmo circadiano y nuestra creatividad.

Son espacios, tanto interiores como exteriores, urbanos o propios, extendiendo el concepto a toda esa gran Ciudad que es la casa de todos.

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